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 [···] El Prisionero De Karajrat [···]

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ESTEFIAP
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MensajeTema: [···] El Prisionero De Karajrat [···]   Dom Jun 28, 2009 5:27 pm

Bueno soy ESTEFIAP y aqui os dejo con una nueva historia que espero que guste y os haga disfrutar. Es mayormente de fantasía aunque hay un pequeño toque romántico ^^
Aqui comienza la historia:

El rayo de sol de una fría mañana de noviembre despertó a Liliam de su sueño profundo. Se estiró en su pequeña cama de paja y abrió los ojos. El sol brillaba más de lo esperado, aún así, no daba demasiado calor. La muchacha se acurrucó entre sus gordas mantas otra vez. Volvió a abrir los ojos y con esta vez se levantó con más energía de la cama.
``Hoy es el gran día´´ pensó la muchacha, mientras estiraba la cama. Aquel día el rey, la había solicitado para enseñarle sus mejores muestras de ropa. Con suerte, conseguiría un trabajo en palacio. Ser costurera. Liliam admitía que no era el sueño de toda su vida, pero era lo que mejor se le daba hacer y con lo que vivían ella y su familia.
La chica se vistió con su traje habitual y salió por la puerta de la casa sin hacer ruido, para que nadie se despertase. Todos sus hermanos estaban dormidos; Peter, el mayor había trabajado demasiado el día anterior. Rob, dos años menor que Liliam había pasado demasiado tiempo la noche pasada leyendo a la luz de la vela. Y por último Catherine, la menor siempre necesitaba dormir más que los demás.
Todos dormían excepto Thomas, su padre. Él madrugaba todos los días y se dirigía a la panadería donde pasaba el día entero trabajando. Unas tardes Liliam acompañaba a su padre en el trabajo, para ayudarle a hacer el pan. Pero cada vez a la muchacha se le acumulaba demasiado trabajo como costurera y no tenía tiempo de ayudar a su padre.
Esa mañana Liliam no desayunó, no tenía apenas hambre. La chica recorrió todo el camino hacia el pozo, en busca de agua fresca. Una vez allí introdujo el cubo hasta el fondo y sacó el agua. Se refrescó la cara con el agua y volvió otra vez a su casa. Dejó el cubo de agua dentro sin salpicar y cogió las muestras de ropa que tenía preparadas para el rey.
Liliam no tardó demasiado recorrer el pueblo para llegar a palacio. Se aligeró demasiado, no quería llegar tarde a la reunión con el rey. Por el camino saludó a sus vecinos y amigos. Cuando llegó al castillo esperó impaciente que llegase alguien. Cuando menos se lo esperó apareció un guardia detrás de ella. Esta pegó un brinco de sobre salto. Tal susto se dio que las ropas que cargaba se les cayeron al suelo.
-Debes de ser la costurera, -dijo el guardia con voz firme- si no me equivoco.
-Sí, sí –dijo Liliam mientras recogía la ropa del suelo- la misma.
Con el gran manojo de llaves el guardia abrió la primera puerta del castillo. La puerta de la muralla. A continuación había un gran jardín lleno de flores y árboles de todo tipo. En medio del jardín una laguna donde habían peces y paseaban patos. Al fondo había otra puerta abierta, era la que daba lugar al vestíbulo.
-En este momento, el rey está reunido y mucho me temo que no podrá atenderle. Podéis hacer tiempo por los jardines o bien esperar dentro.
-Prefiero esperar dentro, fuera hace un poco de frio. –dijo la chica mientras se encogía.
-En tal caso, -dijo el guardia- os diré donde os debéis dirigir. ¿Veis las dos torres más altas? – señaló a ambas torres- ¿las unidas por un puente? Pues allí os tenéis que dirigir. En la torre de la derecha os esperará el rey al finalizar su reunión. Yo no me entretendría demasiado, las torres están un tanto lejos y hay que subir varias escaleras.
- Entonces me dirigiré hacia allá. –dijo Liliam- Gracias por las indicaciones.
Liliam comenzó el trayecto hacia las torres. Atravesó el vestíbulo, el comedor, un patio interior… y muchas más salas cuyos nombres eran los mismos. Fue extraño ya que nadie le llamó la atención. Todo el mundo en el castillo estaba ocupado en organizar la coronación del príncipe Taylor. Aunque este ya se consideraba rey. Pronto Taylor obtendría la corona de su anciano padre y se haría rey. Taylor no era demasiado mayor, - tenía los escasos veinte años- pero su padre ya era demasiado viejo para llevar encima una carga tan grande, como ser rey.
Taylor era caprichoso e inconformista y conseguía todo lo que quería, fácilmente. Sin que nadie se entrometiese en su camino. Ya que al ser el futuro rey, a nadie le convenía oponerse contra él, si quería vivir en paz claro.
La muchacha siguió dispuesta el camino de las torres. Creía que sabía por dónde iba pero en realidad había cogido un camino equivocado. En vez de dirigirse hacia la torre de la derecha, accidentalmente y sin saberlo se dirigió a la de la izquierda. Con forme subía las escaleras, cada vez había menos ventanas. Más oscuridad y menos luz, todo se reducía a un ambiente muchísimo más siniestro. Aún así Liliam subió las escaleras dispuesta. Más de una vez se tropezó a causa de que no veía demasiado bien.
Cuando ya se tropezó innumerables veces, harta cogió una de las antorchas que había colgadas en las paredes, y con ella, alumbrando al suelo consiguió subir sin caerse. Entonces notó el suelo el firme. Ya no había más escaleras. Había llegado.
Entonces Liliam se dio cuenta que ese no era el lugar donde debía haberse dirigido. Estaba en medio de un pasillo. Un pasillo siniestro. No había alfombras, ni cuadros, ni mucho menos flores. Ni un sillón, ni una silla… nada. Había llegado a un lugar que no era el que le habían indicado. No era bonito, al contrario, daba pena. Había celdas a los lados, todo estaba repleto de celdas. De celdas vacías.
Sí, le dio miedo. Pensó en volver pero sin embargo siguió caminando por el largo pasillo. Todo aquello era más grande que como ella se lo imaginaba. Tenía miedo pero su curiosidad era mucho mayor. Continuó andando y observando a la vez. Todo era tan tenebroso…
No importaba lo siniestro, malvado y peligroso que pareciese aquel lugar, la curiosidad de Liliam superaba cualquier miedo. No había nada, ni nadie. Cuando Liliam se hartó de pasear por el pasillo de celdas decidió aligerarse un poco, por si llegaba tarde. Al fondo divisó una puerta. Comenzó a correr con precaución para no caerse, observando el suelo.
Algo, - o más bien dicho alguien- atrapó el pie de Liliam. Por suerte a esta le dio tiempo soltar la ropa y apoyar las manos en el suelo antes caer completamente. Esta, asustada y con el corazón en la boca, giró la cara para ver de quien se trataba.
-¡Aaaaaahhhhhhhhhhh! –chilló Liliam aterrorizada.
El que sostenía el pie de Liliam era un hombre. Joven, aproximadamente de unos veinte años. Era alto aunque no se notaba demasiado porque se encontraba tirado en el suelo. Tenía una pequeña melena de color negro y tenía ojos de un color marrón claro, tirando hacia miel.
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((la historia continuará en la siguiente entrada))
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MensajeTema: Re: [···] El Prisionero De Karajrat [···]   Dom Jun 28, 2009 6:14 pm

((Aqui continua la historia))

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Estaba repleto de heridas. Desde las piernas, hasta su dulce rostro. Aquellas heridas eran lo que le había producido mayor miedo a Liliam. No eran pequeños rasguños que te puedes hacer normalmente. Eran grandes cortes profundos en los tejidos de la piel. Todas esas heridas deberían haberle dolido más de la cuenta.

- Por favor, no grites –le dijo a Liliam- Pueden escucharte.

``Pretendo que me oigan´´ intentó decir, aunque fue en vano ya que debido al susto, tenía palabras para hablar.

- Necesito que me saquen de aquí. –dijo con tono suplicante- Ayúdame te lo pido, por dios. ¡No merezco este castigo! –concluyó chillando.

Liliam aún seguía paralizada pero buscó las suficientes fuerzas para hablar:

- Si estás aquí encerrado, algo habrás hecho. –dijo con palabras fuertes y firmes.

El joven le miró suplicante, pero en su interior también había ira.

- Yo-yo… ¡No sabía lo que hacía!¡Ni si quiera sabía dónde estaba! Por favor, compréndeme. No resistiré mucho más en esta prisión.

La chica dio un gran suspiro. Estaba sentada de rodillas, ya que aquel hombre tan extraño aún le sostenía el pie. Todavía tenía miedo, aún más que antes.

- Lo siento pero… no puedo ayudaros. Tan solo soy la hija de un campesino y… yo solo vengo a trabajar, yo no… So-soltadme por favor. – Consiguió Liliam terminar la frase.

El otro soltó el pie de Liliam delicadamente. Se quedó pensativo, sumergido en sus pensamientos. Miró a la chica. Esta no sabía si moverse o no. Se quedo observándola, le sonaba de algo.

Sus ojos verdes oscuros le eran familiares. Su cabello rubio también le sonaba al igual que su rostro y sus fracciones. Aquel hombre conocía Liliam de antes, pero ella no le recordaba demasiado. Cuando esta se iba a alejar para irse, él le agarró del brazo. Lo giró y observó su marca de familia. Todas las familias en Karajrat tenían una señal en el antebrazo, más bien cerca de la mano.

Este observó su marca. Entonces Liliam hizo un gran esfuerzo para soltase su mano. Apartó la vista y recogió sus cosas del suelo. Antes de que ella pudiera levantarse nuevamente el hombre le insistió:

- Te lo suplico – le dijo con los ojos humedecidos- eres la primera persona que pasa por aquí que no es un guardia. Sácame de aquí, te lo ruego.

- No puedo ayudaros. –dijo Liliam segura aunque sentía lástima por aquel hombre- No soy nadie para hacerlo.
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((continuará en la siguiente entrada))
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MensajeTema: Re: [···] El Prisionero De Karajrat [···]   Miér Jul 01, 2009 11:02 am

Liliam intentó levantarse, pero volvió a caer en el suelo. Se había lastimado el pie. Entonces el prisionero volvió a fijarse en cada detalle de su cuerpo. Esta vez ella se intentó incorporar un poco más pero sin resultados. Entonces el joven le dijo:

- Un último favor antes de que te vayas. –dijo sin cesar de mirarle. Mientras Liliam suspiraba, estaba un poco harta- Mírame a los ojos.

A Liliam le resultó un poco extraña su petición pero aún así la cumplió. Le miró como nunca lo había hecho con nadie. Al clavar sus ojos en los de él, se quedó terriblemente hipnotizada. Fue un gran fallo que cometió. Se sumergió en la preciosa mirada marrón. En ella pudo ver claramente la sabiduría que poseía a pesar de su juventud. También puedo ver su sufrimiento reflejado en su mirada. En un rincón de sus ojos también se localizaba el miedo, el terror y la tristeza que había vivido aquel joven muchacho.

La chica tuvo una punzada, y sintió que debía irse. Pero no quería hacerlo. Quería quedarse sumergida mucho tiempo más en la mirada de aquel muchacho que acaba de conocer. Él tampoco quería dejar de mirarla. Se quedó perplejo ante su belleza. Pero entonces Liliam pareció reaccionar. Cerró los ojos y giró su vista hacia otro lado. Liliam de nuevo, al intentarlo otra vez, se sujetó a los barrotes y con el impulso de sus brazos consiguió ponerse en pie.

- Tengo que irme. –murmuró cabeza baja.

El otro se quedó pensativo. Lentamente Liliam se acercaba a la puerta próxima donde se encontraba la salida. A cojetadas llegó a la gran puerta. Cogió impulsos para abrirla. Pero antes de hacerlo, miró atrás. El joven pensaba detenidamente, clavando su mirada triste. Cuando Liliam iba a marcharse definitivamente, el muchacho decidió que debía hablar:

- Sé quién eres. – dijo seguro.

Esas palabras dejaron a Liliam helada, petrificada delante de la puerta. Abrió la boca para decir algo, pero fue en balde. Lo único que se escuchaba de ella era su respiración entrecortada. El prisionero estaba esperando su respuesta ansioso. Deseaba saber lo que le iba a decir.

- Es imposible, -consiguió decir – Yo no os conozco. Os habréis confundido con otra muchacha que tenga cierta similitud a la mía.

El prisionero sonrió.

- Me conoces, -dijo- estoy completamente seguro. Y sé quién eres, -hizo una pausa para coger aire – Liliam Vaghot.

La chica se giró bruscamente y caminó hacia la celda. Esta vez aún más asustada miró al encerrado y le dijo con frialdad:

- Yo no os conozco, -murmuró lo más seria posible- Os vuelvo a repetir.

- Estás equivocada. Son muchos años… y es normal que no lo recuerdes. Mira Liliam, -dijo con la mirada baja- Busca en tu mente un vago recuerdo de alguien que apareció en tu vida y salió como si nada.

Liliam hizo un esfuerzo. Pero no recordó a nadie, y mucho menos expresamente a él.

- Lo siento, los recuerdos de mi infancia son borrosos. Sufrí un accidente a los once años en el que perdí cierta parte de la memoria. –dijo esta mientras intentaba recordar su pasado.

Entonces se escucharon pasos acelerados. El corazón de ambos dio un vuelco. Los dos de repente se pusieron nerviosos. El Prisionero volvió a coger de la mano a Liliam mientras le rogaba:

- Li-Liliam, necesito que vuelvas por favor. Mañana por la noche aquí, sobre las una. – dijo mientras le acariciaba la mano con más sutileza que la anterior vez.

- Yo no sé si… vos no…-tartamudeó esta.

- Eres la única persona que me puede sacar de aquí. –dijo sin separar la vista del pasillo para observar de quien se trataba. – Te lo suplico, vuelve mañana.

Liliam cada vez se ponía más nerviosa: sus piernas temblaban, sus miembros sudaban y su cabeza daba vueltas. Entonces ambos jóvenes observaron la silueta de la persona que se dirigía hacía ellos. Era un guardia, pero no el mismo de la entrada.

El muchacho separó su mano lentamente de la de Liliam. Entonces cuando el guardia llegó apartó a la chica de un manotazo tirándola al suelo. Cuando esta ya se encontraba en el suelo pegó al encerrado con sus nudillos.

El otro se estremeció, pero parecía inmune a los golpes. El guardia miro de mala gana a Liliam y le preguntó:

- ¿Qué hacéis aquí? –le dijo con tono amenazante.

- M-me he perdido.- tartamudeó esta.

- ¿Pretendéis que me lo crea? – Liliam asintió atemorizada- ¡Habéis venido a visitarle!

- No ha venido a visitarme, Leonard. –dijo el prisionero con calma- Ella se ha perdido.

- ¿Cómo os atrevéis a pronunciar mi nombre? –dijo este indignado. - ¿Y si se ha perdido, que hacía hablando con vos?

- Yo le forcé a que hablase conmigo. –dijo mirando al suelo- Le cogí del brazo y no le dejé marchar.

Mientras Liliam estaba sorprendida al ver que un desconocido le defendía. El guardia miró al prisionero y volvió a pegarle con maldad. Esta vez, a él le sangró el labio. Liliam miraba con temor esa terrible escena. Tras lo sucedido decidió que el prisionero era buena persona. Entonces levanto el brazo hacia la chica. Esta se estremeció en el suelo.

- No le haga nada, -le defendió nuevamente el muchacho- ella no ha hecho absolutamente nada.
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MensajeTema: Re: [···] El Prisionero De Karajrat [···]   Jue Jul 09, 2009 11:34 pm

El guardia llamado Leonard volvió a mirar despectivamente al joven a través de los barrotes. Entonces vio las ropas que había tiradas en el suelo. Eran las ropas que había traído Liliam para enseñárselas al rey. Leonard se dio una palmada en la frente.

- ¿Vos sois la joven costurera? –dijo tendiéndole la mano a Liliam para que se levantase.

Esta asintió con cierto nerviosismo mientras recogía sus cosas del suelo. Cogió la mano del guardia y se levantó.

- Perdonad mis malos modos, señorita. – murmuró el guardia mientras hacía una reverencia a Liliam.

- Vamos Leonard, - dijo el prisionero con un tono irónico- Ambos sabemos que no se te dan bien las cortesías.

- Seguidme por favor, - le dijo Leonard a la chica mientras le lanzaba al encerrado una mirada que fue peor que la anterior.

Liliam siguió al guardia hacia la puerta donde se había dirigido ella anteriormente. Esa puerta daba lugar al puente que unía las dos torres. El guardia la cruzó antes que Liliam. Esta antes de cruzar por la puerta miró al prisionero, que este nuevamente le lanzo otra mirada suplicante.

La jovencita y el guardián se dirigían camino hacia la torre derecha, que, estaba unida con la izquierda gracias a un puente. Las vistas desde allí eran asombrosas. Se veía todo el palacio, pero también se veía gran parte de Elyniah.

Su frondoso bosque verde, desde allí parecía más bello que nunca. El hermoso cielo azul, dejaba sin palabras a cualquiera. Y las nubes esponjosas de color blanco, estaban tan cerca, que parecía que las podías sentir. Poco después del bosque se veía el pequeño pueblecillo donde vivía Liliam, Luciérnaga.

Todo era tan bonito desde allí… Parecía cosa de magia que todo desde allí arriba fuera mucho más bello. Por un momento Liliam se detuvo a observar el precioso paisaje que la rodeaba. Hasta que, Leonard, el guardia, le llamó la atención para aligerar el paso. Taylor ya estaba impaciente. Liliam se había perdido, y había mandado a Leonard en su busca. Si este hubiese tardado mucho más, Taylor se hubiera puesto más ofuscado de lo habitual.

- ¿Puedo haceros una pregunta? –dijo Liliam algo tímida.

- Claro, señorita. – Dijo Leonard en un suspiro mientras caminaba rápidamente.

- ¿Qui-quien es él? – señaló la puerta hacía la prisión- Y… ¿Qué hizo para merecer ese castigo?

Entonces Leonard paró de lleno. Su cara se descompuso y su piel se puso completamente pálida. Miró con asombro a Liliam. Encarnó las cejas y le dijo en un tono reducido:

- ¿No sabéis quién es? – aún su asombro era grande.

- No, si no os habría preguntado –hizo una pausa- ¿No creéis?

Este agitó la cabeza, aún pasmado. Y continuó diciendo:

- ¿Nadie os habló él? – dijo mientras restablecía el paso lentamente.

La muchacha negó con la cabeza.

- Él es el prisionero, – cogió aire – El prisionero de Karajrat.

- ¿Kara qué? –dijo Liliam a trompicones.

- Karajrat, - susurró Leonard- Es el nombre de la torre.

Pero aún Liliam no había matado a su curiosidad y siguió preguntando mientras andaba:

- ¿Qué hizo?

- Por lo que veo no estáis demasiada informada de este tema. –intuyó el guardia.

- No, no estoy informada de nada de esto.

El guardia cogió una gran bocanada de aire para comenzar a hablar:

- No sé si os acordáis, vos deberíais ser muy pequeña. Antes en Elyniah había otro príncipe más.

- Cierto… Sé quien es pero no recuerdo bien su nombre. Él… desapareció, de repente. ¿Qué pasó con él?

- Os lo contaré todo, poco a poco. –dijo con tono tranquilizador Leonard-
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MensajeTema: Re: [···] El Prisionero De Karajrat [···]   Sáb Jul 11, 2009 7:44 pm

- Os lo contaré todo, poco a poco. –dijo con tono tranquilizador Leonard- El príncipe ``desaparecido´´ -dijo resaltando esa palabra- se llamaba Araón. Este, no desapareció sin más. Iba a ser el rey de Elyniah, pero justo antes una semana de su coronación – su rostro puso una mueca amarga – le mataron.

- Eso es...-Liliam tragó saliva- horrible.

- Pues sí. – concluyó el guardia con pena- El rey Markus quedó destrozado, al ver a su hijo mayor muerto. Markus enloqueció. Gran parte de su corazón se desvaneció al ver ir una de las personas que más amaba en su vida. Este temía que su hijo menor corriera la misma suerte que el mayor. Y por eso dedicó toda su seguridad a su hijo pequeño, Taylor. Y eso hizo a Taylor un principito muy caprichoso. Todo lo que quería se lo daban, para que su hijo fuese feliz y a la vez viviera seguro. Pero Markus no sació su sed de venganza. Aquellos tiempos en Elyniah, -hizo recuerdo Leonard- fueron muy malos. El rey, lo único que quería era atrapar el maldito asesino de su hijo. Y no le importó que su pueblo pasase hambre, que sus gentes tuvieran frío… No le importaba nada.

- Esos fueron los tiempos de la locura que se llaman ahora, ¿No? –preguntó la joven.

El guardia asintió y nuevamente cogió aire para continuar la historia:

- Y desde entonces… Los habitantes de Elyniah perdieron confianza con la realeza. Estuvieron descontentos durante gran tiempo. Uno de esos habitantes era yo. El trabajo en la corte era muy difícil ya que el rey nos exigía demasiado y casi no nos pagaba. Y a causa de esos tiempos hay personas que piensan que es mejor sustituir al rey Taylor por otro. Pero eso es otro caso.

Leonard al que se le notaba en el rostro que le pesaban los años cada vez caminaba más lento. Liliam, se vio obligada a hacer lo mismo. Leonard suspiraba continuamente. Hasta que cogió fuerzas para volver a continuar:

- Pero por fin, Markus consiguió capturar al asesino de su difunto hijo.

- ¿Quién fue el que lo mató? –pregunto la muchacha.

- Ese condenado, -señaló a Karajrat- fue el asesino de Araón. Por su culpa todos los habitantes de Elyniah sufrimos lo que no debimos. Muchos habitantes murieron, sin ser culpables de nada. –dijo con pena en el rostro.

- Mi madre murió en esos tiempos –dijo Liliam con amargura- Aunque fue a causa de una enfermedad.

- No sabéis cuanto lo siento. –dijo Leonard en un susurro- Una muchacha tan joven como vos no merece estar sin el amor de una madre.

Liliam sonrió amargamente.

- Lo sé. Pero no puedo hacer otra cosa. – contestó la chica.

Se hizo el silencio durante escasos segundos. Liliam volvió a mirar a la torre. Y su duda, le volvió a invadir. Liliam abrió la boca, pero no estuvo muy segura de su pregunta, hasta que la realizó:

- Y… Leonard, - el otro le miró cuando pronunció su nombre- ¿Por qué no mató el rey al prisionero?

Leonard pensó con detenimiento su respuesta.

- Pensó que encerrado sufriría más. Una muerte dolorosa no era demasiado para saciar la venganza del rey. Necesitaba más. Necesitaba ver sufrir al asesino de su hijo. Y en cierto modo, este castigo está muy bien pensado. Es un vacío, es decir, no permite vivir la vida a la persona encerrada.

- Cierto. –dijo Liliam atemorizada al imaginar ser la víctima de ese cruel castigo.

Pero ella no podía creérselo. Liliam no se creía que aquel joven tan dulce hubiera sido capaz de matar al hijo del rey sin más. <<Algo tuvo que pasar para que eso ocurriera… No pudo pasar sin más.>> Pensó Liliam.

Entonces Leonard se percató del tiempo y comenzaron a andar con mayor ligereza. Con las prisas de Leonard no tardaron mucho en terminar de cruzar pasaje. Abrieron la primera puerta y se despidieron del puente. Las majestuosas vistas desaparecieron y ahora todo volvía a ser como palacio. Un pasillo más bien pequeño, adornado con alfombras y cuadros. Al fondo había una única puerta y a la izquierda una pequeña ventana.

Esta tenía una cerradura bastante adornada. Leonard manoseó su puñado de llaves y cogió la que le servía. La llave era pequeña, con unas letras grabadas en oro y algún que otro diamante. Antes de introducir la llave en la cerradura el guardia pegó en la puerta.

- ¡Pasa Leonard! – se escuchó una voz masculina en el interior de la sala.

Después de eso, Leonard abrió la puerta con la llave y pasaron a la siguiente habitación. Era muchísimo más grande que el pasillo y estaba muy bien iluminada. En el centro de la habitación había una cama doble, que la rodeaban unas cortinas de color rojo. A la izquierda, una chimenea que la acompañaban dos sillones a su lado. También había varias estanterías, algún que otro retrato y un gran vestidor.

En la habitación había cuatro personas. Un muchacho tumbado en el sofá, acomodado perfectamente. Era de piel morena, ojos claros y bello rostro. Tenía una pequeña melena negra corta. Ese era Taylor.

A su alrededor tres muchachas jóvenes daban vueltas sin parar. Una limpiaba, otra colocaba la ropa y la restante cosía un traje, que, a juzgar por el aspecto era bastante caro. El joven se incorporó en el sofá al ver la llegada de Liliam y Leonard.

- Leonard, habéis tardado demasiado. – le regañó el joven al viejo - ¿Dónde os habéis metido? Creía que ibais a tardar menos en traer a esta muchacha. –dijo Taylor enfadado.

Leonard, ya un poco cansado de inventarse escusas abrió la boca para decir una pero Liliam le interrumpió antes:

- No le culpe señor, -dijo haciendo una reverencia al futuro rey- Me perdí en palacio, es más grande de lo que parece a primera vista, majestad. Además el último propósito de este hombre sería haceros esperar. –concluyó Liliam con una de sus sonrisas encantadoras.

Eso relajó a Taylor. Mientras, el viejo guardia con una mirada le agradeció a Liliam lo que había dicho. Esta con su ricura habitual le devolvió la sonrisa. Taylor no tardó en retomar la palabra:

- Bueno… Leonard puedes irte. Deja la llave en la mesa de noche y continúa tu trabajo. Que no pase ni un alma por ese lugar.

Leonard asintió, he hizo lo que le dijo su señor. Segundos después había desaparecido por la puerta.

- ¿Vos sois la costurera, cierto? –dijo Taylor mientras miraba la ropa que cargaba Liliam.

Esta asintió.

- He traído ropas para que las veáis si lo deseáis, claro. –dijo ella con un tono amable.

- Claro, enseñádmelas. –Taylor cogió las prendas y comenzó a observarlas mientras se acicalaba su melena negra-
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MensajeTema: Re: [···] El Prisionero De Karajrat [···]   Dom Jul 12, 2009 11:49 am

- Claro, enseñádmelas. –Taylor cogió las prendas y comenzó a observarlas mientras se acicalaba su melena negra- ¿ Sois la hija del ganadero, no?

- Panadero.- corrigió Liliam un poco molesta.

- Ah, vale. Estos trajes están muy bien, - dijo con un tono de aprobación el príncipe- a pesar de ser tela barata. ¿Pero que más se puede permitir un campesino?

Liliam se mordió la lengua para no soltarle un borderío al futuro rey de Elyniah. Taylor arqueó la ceja y dio su aprobación completa a los trajes y dijo:

- Pienso que os interesaría el puesto de costurera. – mientras la joven que cosía levantó la vista, asombrada ya que le estaba ofreciendo su puesto de trabajo- Mi costurera actual no trabaja con demasiada ligereza, -dijo mientras miraba a la muchacha – y me temo, que no estarán mis trajes listos para la coronación.

La costurera le dio una mirada matadora al rey. Este le miró con mayor frialdad.

- Pues, en el caso que aceptéis el puesto, - continuó el príncipe- antes debéis decirme vuestro nombre.

- Me llamo Liliam. –dijo esta.

- ¿Y aceptáis el puesto? – continuó Taylor hablando- Estoy seguro que os interesa. No creo que un sueldo de más venga mal a vuestra familia numerosa.

Liliam volvió a contenerse. Se enfadó, pero sin duda Taylor llevaba toda la razón. Su familia constaba de cinco miembros, que tenían que vivir de un solo sueldo. Y ciertamente les era difícil. La joven muchacha no se lo pensó demasiado y dijo:

- Acepto el trabajo. –dijo segura, con un poco de remordimiento al arrebatarle el trabajo a la otra - Lo necesito.

- Muy bien, -dijo Taylor feliz- Grisella mi vieja costurera recogerá sus cosas y te entregará las llaves.

- ¿Vieja? –dijo Liliam en un susurro para ella misma- si apenas tiene treinta años…

La llamada Grisella comenzó a recoger sus cosas de mala idea. Dejó el traje de mala gana en el sillón y se puso de pie.

- Veintisiete, -dijo Grisella enfadada- tengo veintisiete años.

Esta cogió camino hacia la puerta de salida, con cabreo pero antes Taylor dijo:

- Grisella, acompañad a Liliam a la salida del castillo. Ah, Liliam –cogió aire para continuar- comenzaréis mañana al alba. Cuando amanezca venid a castillo, os darán trabajo. Te pagaremos una vez a la semana, ¿Te parece?

Ella asintió.

- Podéis iros -dijo Taylor haciendo un gesto con la mano.

Ambas jóvenes salieron por la puerta de la habitación gracias a la llave. Grisella de miró de mala gana a Liliam y le dijo:

- Buena suerte con vuestro nuevo trabajo. –dijo ofuscada mientras le entregaba las llaves- Espero que os dure más que a mí.

Esta comenzó a bajar las escaleras rápidamente, pero antes de desaparecer dijo:

- Ah, para llegar a la salida solo tenéis que bajar las escaleras y cruzar el vestíbulo del palacio. – dijo mientras le miraba mal- Pero tratándose de vos seguro que os perdéis nuevamente.

Liliam intentó ser modesta:

- Siento arrebataros el trabajo; pero lo necesito.

- Y yo también. –dijo la otra apenada- Y miradme ahora; estoy en la calle porque el príncipe Taylor a tenido un capricho.

Entonces Liliam se enfado y se dejó de cortesías y calmas.

- Yo no soy ningún capricho. –dijo Liliam- Solo es que coso mejor que vos.

Entonces la más joven sin despedirse bajo las escaleras dejando a la otra pasmada en su lugar. Con la cabeza alta Liliam se fue a casa sin decir ni una palabra.
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MensajeTema: Re: [···] El Prisionero De Karajrat [···]   Miér Jul 22, 2009 10:28 pm

Liliam no tardó demasiado en llegar a su casa, debido a las prisas. Hoy no tenía muchas ganas de quedarse en palacio más tiempo de la cuenta. Seguro que se volvería a perder, y se encontraría a otro encerrado pidiendo que le salvase.

Liliam pisó la alfombrilla que estaba justo antes de entrar en la panadería para limpiarse los pies. Tenía los zapatos llenos de barro. Cuando entró dejó los trajes en una silla y se acercó al horno, donde estaba trabajando su padre.

- Hola padre, -dijo mientras le daba un beso en la mejilla- ¿Qué tal el trabajo?

- Pues como siempre. –contestó este mientras se recogía los sudores de la frente- Atareado y caluroso. ¿Y cómo te ha ido en palacio?

Liliam se derribó en la silla. Tenía por seguro que no iba a contarle a su padre todo lo sucedido en palacio, porque si se lo contaba no le dejaría volver allí para trabajar.

- Muy bien, - mintió la chica- Me ofrecieron un puesto como costurera. Y… lo he aceptado.

Thomas cambió la expresión y dijo:

- Liliam, sabes que no quiero que trabajes. Y mucho menos para ese principillo mimado –dijo serio. Thomas era uno de los habitantes descontentos con la familia real.

- Papá… Seamos realistas. No tenemos dinero. Y, además ¿Qué hago yo en la casa todo el día metida sin hacer nada?

- Cuidar de Catherine. – contestó Thomas.

- Por dios papá, -dijo Liliam suspirando- Catherine tiene doce años, no es una niña pequeña. Además para eso está Rob.

- Rob solo tiene dos años más que ella y además, es como un niño pequeño. Más bien Catherine cuidaría a Rob. Solo hace locuras y la mayoría de ellas me dan miedo. –dijo Thomas mientras seguía ajetreado con el pan.

- Tres años más. Tengo quince. –corrigió Rob molesto al entrar por la puerta de la panadería- Y jugar con fuego no es hacer locuras.

Thomas clavó una mirada fulminante a su hijo.

- Rob, ¿no sabes que quien juega con fuego se termina quemando? –dijo Thomas.

- Lo sé, pero aún no me ha pasado nada. – dijo este sonriente.

Liliam observó a su hermano detenidamente. A este le había pasado algo en el antebrazo. Casi siempre se remangaba las camisas de manga larga y esta vez no lo había hecho. En un movimiento rápido Liliam atrapó el brazo de Rob y le apretó fuertemente.

- ¡Ahhh! –dijo este dolorido- ¡Suelta! – apartó el brazo de Liliam en un gesto brusco.

- ¿Con que no te has quemado, eh? –dijo Thomas mientras seguía ajetreado con el pan.

- Idiota –murmuró Rob por los bajines a su hermana mayor.

Thomas le dio una mirada firme a su hijo. Y después le dijo:

- Rob, ¿Cómo quieres que me quede tranquilo sabiendo que andas por la calle haciendo niñerías? - dijo ofuscado a la vez que metía el pan en el horno- ¡Podrías haberte hecho mucho más daño!

- Papá, -continuó Rob con un tono más tranquilizador- esto es solo una simple quemadura. No es nada.

- Vale… -dijo ofuscado su padre- ¡Pero la próxima vez podría ser mucho mayor!

Rob aún seguía tranquilo. Estaba acostumbrado a los molestos discursos de su padre. El hijo mantuvo su serenidad y nuevamente dijo con parsimonia:

- Papá, no chilles, por favor.

Entonces Thomas se puso rojo como un tomate. Las discusiones Thomas-Rob siempre eran así. Liliam lo sabía y esas discusiones le molestaban bastante. Pero tenía que hacer algo, porque su padre llevaba razón; ``Quien juega con fuego se termina quemando´´ y ella no quería que le pasase nada a su hermano pequeño. Su padre se enfadó más de lo esperado y le gritó a su hijo:

- ¡Yo no estoy gritando! ¡Y que sepas que estas castigado sin salir a no ser que yo te de mi permiso! – concluyó enfadado.

Ofuscado Rob salió de la panadería maldiciendo a su hermana. Liliam esperó a que su padre se calmase para poder seguir hablando de su trabajo. Y esta para retomar la charla comenzó diciendo:

- Mañana empiezo con el trabajo. –dijo Liliam segura.

- No quiero que vayas, Li. –contestó su padre.

- Papá, nos hace falta y punto. Decidido, mañana por la mañana comenzaré mi nuevo trabajo.

Thomas miro de reojo a su hija, dándole una señal de aprobación.

- Está bien, -admitió- pero a la mínima que te hagan algo que no te guste, Dile adiós al trabajo.

- Gracias papá. –dijo Liliam mientras le daba a su padre un beso en la mejilla.- Voy a aligerarme para llegar a casa con Rob, así vamos los dos juntos. – Liliam recogió sus cosas mientras se acercaba a la puerta.

- No creo que a Robert le haga demasiada gracia que le acompañes. –dijo Thomas mientras se reía.

- Da igual –se rió la otra- Que se aguante.

Liliam aceleró para poder llegar a su casa a la vera de Robert. Dio un par de zancadas rápidamente y se encajó al lado de su hermano. Este le miró con mala idea y le dijo:

- Déjame en paz. Por tu culpa papá me ha castigado. –dijo ofuscado, mirando al suelo.

- Rob, lo he hecho por tu bien. –dijo Liliam con calma- Además así ayudas un poco en casa, que todo está desordenado.
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MensajeTema: Re: [···] El Prisionero De Karajrat [···]   Miér Jul 22, 2009 10:29 pm

Robert comenzó a andar más rápido. Levantó la cabeza y miró a su hermana fijamente diciéndole:

- No tengo pensamiento de ayudar. Es más, no voy a hacerlo.

- Peter se enfadará – Le advirtió su hermana.

- No me importa. Ya paso de todo. –dijo mirando nuevamente al suelo.

- Mmmm, -dijo Liliam con el dedo en la boca- No lo creo. Seguro que te interesa que papá algún día te deje salir. Y para ello deberías mostrar madurez. Y para mostrar madurez, deberías ayudar, ¿No crees?

Rob miró con ira a su hermana, mientras que esta sonreía satisfactoriamente porque su plan estaba funcionando.

- Vale ayudaré, -admitió el otro- pero solo será por mi bien.- se hizo el silencio durante unos segundos- Liliam, que sepas que algún día me vengaré de ti. –dijo con un tono amenazante.

- ¿Ah, sí? – se burló esta de su hermano- ¿Y qué harás? ¿Te chivarás a papá?

- Sí, y le diré…-se pensó la respuesta- Que has ido a coger agua al río sin su permiso.

Liliam puso cara de asco y le contestó a su hermano:

- Oh, sí. Me castigará porque hice algo tan peligroso, porque a lo mejor me podría haber caído al río y haberme ahogado, ¿No? O quizás los pajarillos rabiosos me podrían haber atacado. –dijo Liliam con un tono irónico- Ah, y me castigará sin ir a la plazoleta para jugar con mis amiguitos, ¿Verdad? –terminó vacilante.

Rob seguía enfadado, pero más todavía. Miró con el rabillo del ojo a su hermana y le contestó:

- Tú no tienes amigos. – le dijo con frialdad.

A Liliam se le descompuso la cara. Su sonrisa pícara en ese momento desapareció. Se puso nerviosa. Mientras se mordía el labio dijo:

- Si que tengo amigos.

- Claro…-dijo su hermano sonriente- ¿Quiénes? El cubo del pozo, las piedras del río, tus agujas y tus libros… Mmm, es verdad. Sí que tienes amigos.

A su hermana le invadió la ira. Rob levantó un poco más su orgullo. A Liliam le temblaban los labios y sus ojos se habían humedecido. Miró a su hermano dolorida y este le miró aun peor con un: ``Tú te lo has buscado´´ en los ojos. Liliam aligeró el paso un poco más para no ir al lado de su hermano. Estaba enfadada. Bueno… Más bien estaba triste. Triste porque su hermano pequeño llevaba razón.

Al entrar en la casa Peter les saludó con un abrazo cariñoso como hacía habitualmente. Al fondo de la sala Catherine ponía la mesa. Peter había cocinado sopa y un poco de su famoso gazpacho. A Rob le volvía loco la sopa de su hermano, al igual que a toda la familia. Cuando Catherine terminó de poner la mesa, se sentó en su asiento. Y Rob se sentó junto a ella.

- He preparado sopa, -dijo Peter con la cazuela en la mano- ¿Queréis un tazón?

Catherine y Rob asintieron rápidamente. Peter se apresuró en servirles. Este miró a Liliam preocupado, esta no tenía muy buena cara.

- Liliam, ¿Tú no quieres? –dijo el mayor mientras el ofrecía un tazón.

- No gracias, Peter. –dijo Liliam- No me encuentro demasiado bien.

Después de decir esas palabras Liliam se esfumó del salón, para llegar a su pequeña habitación. Que no era del todo suya porque la compartía con su hermana.
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